María Sánchez, rodeada de parientes, en la tienda que la familia regenta en La Zubia. / E. Tébar

La 'abuela' de La Zubia vive «como una reina»

María Sánchez cumplió 106 años el pasado sábado y es la persona más longeva del pueblo: «Me conformo con seguir con la cabeza en su sitio»

EDUARDO TÉBAR

Sus parientes la buscaban en goteo en la tienda de electrodomésticos que la familia Sánchez regenta en el centro de La Zubia desde hace tres décadas. Llamadas de teléfono, ramos de flores y piropos: «María, te hemos visto en la tele. ¡Te has hecho famosa!». Doña María atendía abrumada a las felicitaciones. El pasado sábado cumplía 106 años. Es la vecina más longeva del municipio: la 'abuela' de La Zubia. Así lo constatan los registros, revisados días atrás con motivo de la celebración de la Semana del Mayor. «Miraron cuántos ciudadanos superan los cien años y resultó que ella es la zubiense de más edad», aclaran sus allegados.

Claro, que tampoco era difícil sospecharlo. Su médico de cabecera, don Antonio, suele decirlo: «Creo que tengo a la persona más mayor del pueblo». Por suerte, María no necesita dejarse caer a menudo por la consulta: «Voy poco al médico. A mí es que no me duele nada. Ni me duelen los huesos, ni tengo azúcar, ni colesterol. Nada. Lo único es el corazón, que está cansado. A veces tengo que parar un poquito. Pero ya está». Eso sí, asegura que tampoco sufre visitando el consultorio: «Mi médico, don Antonio, es muy cariñoso».

De salud y de afecto anda sobrada María Sánchez García. No usa gafas y luce un cutis envidiable. Tampoco sigue una dieta estricta. «A mí me gusta todo y todo me sienta bien», responde. «El pan le encanta», susurra una de sus nietas. «El pan, ¡hasta con las migas!», añade ella . Y le fascina el salmorejo: «Ya no puedo cocinar, aunque quiera. Sufro por no poder ayudar. Pero no me dejan: dicen que bastante he hecho ya».

En efecto, los suyos la quieren y la cuidan. Ahí estaban sus bisnietas («dos niñas como dos flores»), Ángela y Laura; su nieta Mari Carmen y su nieto Enrique. Incluso Carmen, prima de las nietas. María tiene dos hijos y la familia repartida entre su tierra y Palma de Mallorca. En las islas residió hasta hace cuatro años, cuando tuvo que establecerse en La Zubia «por necesidad». «Lo que me gustaría es estar en todas partes. Allí tengo familia y aquí también», apunta.

María enviudó demasiado pronto, a los 33 años. «Mi marido trabajaba en la Vega, como antiguamente, y yo me dedicaba a la casa», recuerda. No le quedó otra que tomar las riendas del núcleo familiar y comenzó su periplo por diferentes territorios, buscando un futuro con el telón de fondo de la posguerra en España. Un periplo que le llevó a trabajar como empleada del hogar de Sevilla a Tánger o Francia. «No tuve más remedio que irme, así que tampoco me he pasado la vida echando de menos La Zubia cuando he estado fuera de aquí», confiesa.

Genética familiar

Cualquiera lo diría, pero sí: María se siente mejor que nunca, ahora que traspasa el siglo de existencia. «Ahora estoy muy a gusto. Vivo como una reina. No quieren que haga nada. Dicen que bastante he hecho ya en esta vida. No me faltan mis paseos ni lo más sagrado, mis desayunos». Sus nietas refrendan el discurso: «El desayuno es lo que más la activa y la repone». Los familiares se muestran desbordados por los acontecimientos del fin de semana. «A mí no me gustaba salir en la tele», insiste la 'abuela' de La Zubia, que el viernes recibió la visita de la alcaldesa, Inmaculada Hernández, y le obsequió con flores. «Se alegró de conocerme y fue muy cariñosa», detalla.

«Cuando cumplió el centenario, fue muy emocionante porque lo celebramos toda la familia en Palma de Mallorca. Entonces nos reunimos más familiares, más que aquí, para no hacer venir a los demás desde Baleares», relatan las nietas. Y coinciden en que algo debe tener la genética de los Sánchez: María cuenta con una hermana, Adora, de 90 años; otra, Trini, de 99; y en 2016 falleció otra a la edad de 100 años.

«Está usted muy bien», la adulan. «No estoy mal», contesta María. «¿Pero se ha cuidado usted?». «Bueno, he tenido cosas buenas y cosas malas. De todo», desliza. María comenta que lleva bien el título de 'abuela' oficial de La Zubia, pero sin excesivas alharacas: «Es un año más, como otro cualquiera. Me conformo con seguir como estoy ahora mismo: ni mejor ni peor. Con la cabeza en mi sitio». No obstante, en su círculo permanecen atentos al próximo: «El siete es un número mágico».