Poesía en el Laurel cerró su VIII edición con una importante afluencia de público. Y es que fueron muchos los que no quisieron dejar de contemplar un verdadero espectáculo, en el que la música de Luis Otero y la poesía de Pedro Enríquez envolvieron los emblemáticos jardines del Convento de San Luis el Real de La Zubia.
Los versos de Pedro Enríquez, organizador del evento, se fusionaron a la perfección en la noche zubiense con la música rioplatense del cantautor Luis Otero. Bajo el título Poesía para desafinados, la velada de la noche del 23 de agosto acogió una interesante mezcla de recursos de los cuatro continentes. Una mezcla que logró dar unidad musical a un espectáculo de lujo cargado de sensibilidad poética. Los versos de Enríquez y los acordes de Otero contaron con colaboraciones de lujo, que pasaron desde el misterio del sonido de la flauta ney de Hamza Castro, el desgarro del bandoneón de Daniel López, la melodía del violín de César Vázquez, el piano de Jesús Hernández, el bajo de Mario Ojeda, el ritmo poderoso de los tambores de Mara y su grupo Blanco y Negro, hasta la dulzura de la voz de Ana Velia Trassens. Poesía para desafinados es un trabajo gestado a lo largo de todo un año y en él la palabra vertebra una profunda reflexión sobre la vida. “Habla del hombre en búsqueda, de las situaciones y vivencias que hacen de la desafinación una metáfora de lo que lo enfrenta al mundo establecido”, según explican Pedro Enríquez y Luis Otero, autores de este ambicioso proyecto. La noche finalizó con la intervención de la concejala de cultura del Ayuntamiento de La Zubia, Ana Sáenz, que dio las gracias a “todos aquellos que han hecho posible este evento, uno de los más importantes a nivel provincial”. En sus palabras, con referencias a ilustres personajes, hizo hincapié en la importancia de proteger la cultura y todas sus manifestaciones y declaró la intención del Ayuntamiento de seguir trabajando para que La Zubia siga siendo un importante referente cultural.







