Los mejores amigos del hombre campan a sus anchas en el pipicán de La Zubia

Una veintena de chuchos se reúnen cada día con sus humanos para disfrutar juntos de un rato de convivencia

INMA SÁNCHEZLa Zubia

Los canes de La Zubia ya cuentan con un espacio especialmente diseñado para ellos. A la las ocho de la tarde -en invierno antes-, el ‘pipicán’ de La Zubia se llena de canes dispuestos a disfrutar con sus congéneres. Mini, un bretón de seis meses y medio; Tor, un precioso presa canario de 9 meses; Neo, un cruce de pastor alemán y Vega, una galga recogida de un cazador que estaba dispuesto a sacrificarla, se enzarzan entre ellos y acuden rápidos cuando llega un nuevo individuo al parque para darle la bienvenida. El pequeño Duke, cruce de shar pei con labrador, de cinco meses, lo vivió en sus carnes. Tímido e inseguro (fue recuperado de un contenedor de basura con apenas un mes), no sabía a dónde tirar para deshacerse de tanta atención. Pero poco a poco se fue adaptando. Así son ellos: comunicativos, juguetones y expresivos.

Los mejores amigos del hombre campan a sus anchas en el espacio habilitado para ellos debajo del ferial. Allí tienen su fuente y corren a sus anchas. Sus humanos han hecho amistad entre ellos y hablan de la vida y los pormenores de sus queridas mascotas mientras los chuchos «juegan, se relacionan y sociabilizan», explica Paco, propietario de Mini, que acude cada tarde durante más de una hora al pipicán. Incluso tienen una cuenta en whatsapp: ‘Quedadas perrunas’, donde se mandan fotos y se informan de las vicisitudes de sus perrillos. Mini juega con todos, igual que Tor, un perro supercariñoso, cuyo dueño está encantado con el parque, «un espacio que se necesita, que ahora está perfecto para el número de perros que lo disfrutan», de quince a veinte.

Silvia llega con Vega, una esbelta galga de nueve años. Pasó un día por el parque, vio a los canes jugando y desde entonces acuden todos las tardes. «Lo que han hecho es un gustazo», declara, aunque Vega salta la valla con facilidad. Juan José viene con Neo, su primer perro, de 14 meses que, «aunque le ha costado adaptarse, más bueno no puede ser», declara; mientras se queja de que algún desaprensivo se ha llevado la manguera.

Silvia, que piensa que la gente que tienen un perro no puede ser mala persona, considera que lo mejor es que animales y humanos han hecho amistad entre ellos. «Aunque sea solo media hora en invierno también venimos», cuenta. Mou (de Mourinho), que fue atacado por otro perro y estuvo muy grave, acude con María José, a la que le daban «pánico» los canes. Mezcla de yorkshire, tiene ya cinco años, y está perfectamente recuperado. María José admite que ahora no podría vivir sin él. Todos confiesan adorar a sus canes y están en contra de que se vendan «habiendo tantos en los refugios. Todos aquí son adoptados», aseguran.

A Molly, un cocker de 4 años le encantan las pelotas; y a Vida, un setter de 3 se lo encontró Agustín en el campo. Lucas es un mestizo de 4 años y Wally, un cocker de 6. A Balú lo adoptó Esteban cuando lo iban a sacrificar; y Laika, de 2 años, esconde chuches y balones, mientras saca una sonrisa a todo el que lo ve corriendo utilizando solo tres de sus cuatro patas.

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